Yerry Yang, fue un perfecto desconocido allá por el año 2007 cuando pagó su buy-in de 10.000 dólares de inscripción para poder participar en el evento principal de las WSOP. Su presencia habría pasado inadvertida excepto por una cosa: sorprendentemente se coronó como mejor jugador de las World Series Of Poker y además ganó 8,3 millones de dólares.
A día de hoy Yang no es un jugador importante en el mundo del póquer, pero sí uno de los más solidarios. Hay que tener en cuenta que todos los jugadores coinciden en que el factor suerte estuvo de lado de este jugador novato ya que el hecho de llegar y besar el santo (con forma de billetes verdes) no suele suceder casi nunca.
En el camino hacia su título en el año 2007 la diosa Fortuna estuvo de su lado desde el principio hasta el final. Consiguió superar manos que tenía prácticamente perdidas y se recompuso a última hora en la final ganando con una pareja de ochos que ligó con una escalera gracias al último par de cartas. Esta serie de carambolas lo convirtieron en el sorprendente campeón de las WSOP 2007.
Después ya no se supo mucho más de él pero sí que demostró su cara más solidaria: se convirtió en un filántropo organizando torneos de beneficencia que han conseguido recaudar casi un millón de dólares. Además se supo que de los 8,3 millones que ganó, donó 2 de ellos a causas benéficas.