Todos los jugadores saben que en el mundo del póquer nadie nace enseñado. En un principio, hay que aprender el valor de las cartas, añadir rangos preflop, qué son las outs, el showdown… Con este tipo de cosas, el jugador va aprendiendo un número creciente de estrategias que puede poner en práctica en sucesivas manos.
Pero no todo se basa en el conocimiento al dedillo del juego. En el póquer, como en tantos otros juegos de azar, es necesario contar con una clarividencia mental extraordinaria. Eso se puede lograr a través de la disciplina, tan necesaria en el póquer como en el resto de juegos de cartas donde la psicología juega un papel primordial.
Muchos jugadores cuando llega el momento decisivo de su mano decide coger el camino más fácil y tirar por la calle del medio. Es ahí cuando alguien puede atisbar si está delante de un jugador bueno, regular o mediocre en la medida en que éste tome sus propias decisiones y éstas sean más o menos acertadas.
De nada sirve haber leído centenares de libros de póquer si a la hora de la verdad, el jugador se sale por la tangente. Para poder llegar a ser un jugador disciplinado hay que aprender de los errores. Por otra parte, siempre que hay mantener la mente ocupada y concentrarse en la consecución de un objetivo concreto. Sólo así un jugador podrá ser considerado completo.